Las revoluciones estallan en los callejones sin salida - Bertolt Brecht

EL MISTERIO DE LOS CARACOLES

Aquí estoy yo

Aquí estoy yo

La vida siempre se desarrolla en medio de un entorno hostil. En un Universo gobernado por fuerzas colosales, por titanes descabezados que engullen sistemas solares enteros, e incluso galaxias, es poco menos que milagroso que se formen, y perduren, pequeñas moléculas, delicadas filigranas, diminutos cuerpos sensibles a su entorno. Y es que, a veces, hay en el Universo pequeños remansos de calma donde los seres vivos disfrutan de una tregua en medio de la guerra ancestral que libran entre sí las fuerzas de la Naturaleza. El planeta Tierra es uno de estos pequeños remansos de calma. Y es, de momento, el único que los seres humanos conocen en todo el Universo. Actúan como si fuera inmutable y eterno, pero en realidad no es así: en Marte no hace tanto tiempo había océanos como los de la Tierra, ahora sólo hay minerales y fósiles.

Cuenta atrás.

Cuenta atrás.

Lo cierto es que la vida, cualquier forma de vida, se desarrolla siempre bajo una amenaza continua de muerte y cualquier ser adulto, por el mero hecho de haber logrado vivir el tiempo suficiente, puede ser considerado un superviviente.

Caracoles misteriosos

Caracoles misteriosos

Aun y viviendo en un tenue remanso de paz en medio de un Universo hostil a la vida, estar vivo es un esfuerzo continuo por conseguir escalar una montaña: no se puede desfallecer ni un segundo, ni se puede descansar, ni se puede tampoco volver la vista atrás; y caer en el desaliento o la duda, aunque sólo sea por un instante, tiene como recompensa convertirse en presa y ser devorado, ya sea por la fuerza de la gravedad o por cualquier otro ser vivo que no haya cuestionado su hambre.

Hombre y árbol reposando

Hombre y árbol reposando

Ante semejante panorama, el hombre sabio, como buen superviviente, observa y se da cuenta de la fragilidad de todo. Piensa en que lo único que lo separa del frío mortal del espacio interplanetario es una tenue capa de aire de unos pocos kilómetros de altura, es decir, un paseo, es decir, prácticamente nada; y piensa que en el seno de ese océano de oxígeno y nitrógeno y unos pocos gases más en el que está inmerso es donde tiene que desarrollarse toda su vida - y la de sus hijos -. Y piensa en los caracoles, y se pregunta: ¿Por qué los caracoles ascienden a los árboles al acabar el verano, aunque esa ascensión les cueste días y días de penoso, penosísimo esfuerzo? Quién sabe, concluye, quizá algún día gracias a estas preguntas nos salvemos todos.

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